La crisis, espejo roto de nuestros vínculos

La crisis, espejo roto de nuestros vínculos

En este momento de la historia de nuestro país, todas las heridas que nos constituyen están a la vista. Decenas de ciudadanos han perdido la vida y más de mil heridos se encuentran en los hospitales del país o peor aún sin acceso a ellos. Esta dolorosa crisis se desarrolla en el contexto de una crisis de los sistemas económicos y políticos globales en los que estamos inmersos. Las condiciones del orden global nos confrontan, por primera vez en la historia del mundo, con escenarios posibles de extinción la humanidad: El desastre climático y ecológico, una guerra nuclear, nuevas pandemias son hoy mucho más posibles que nunca antes.  Este sistema voraz y mortífero nos enfrenta a todos, inclusive a las mismas minorías superricas a las que beneficia, al abismo de la autodestrucción. Dentro de este contexto mundial, es semejante el reto que enfrentamos en el Perú.

Pensamos en la crisis como espejo roto de nuestros vínculos porque tenemos al frente la evidencia de los fragmentos impensables que resultan, cuando el tejido de vínculos que ha sostenido nuestra precaria convivencia termina por romperse.  Una querida amiga me trajo un relato pertinente.

En uno de sus muchos viajes de trabajo a Andahuaylas se encuentra con una anciana artesana, a quien conocía, vendiendo aretes. Mi amiga escoge un par y le pregunta ¿Y dónde está tu espejo? La anciana le responde ¿Y para qué quieres espejo si tienes mis ojos?  Eso es lo que en la historia del Perú no se ha podido construir. Más allá del respeto a las diferencias, el poder vernos reflejados en los otros parece una imposibilidad. La empatía es distinta a la identificación; pero ambas son atacadas en una estructura social organizada en torno a la desigualdad.

*Fotografía: Augusto Escribens – @augustoescribens

 

El racismo y el abuso de poder son condiciones fundantes históricas al servicio de esa desigualdad. Muchos mecanismos grupales e inter-grupales son evidentes en este caos. Considero, que más allá de la violencia asesina es  particularmente intoxicante el uso de la proyección casi psicótica  y la mentira sustituyendo a la verdad. Tenemos casi 60 vidas humanas asesinadas por las fuerzas armadas enviadas por el gobierno.

No obstante, estas muertes son adjudicadas como responsabilidad de los mismos grupos a los que pertenecían las víctimas. Esto se explica debido a lo “intolerable de Su violencia”. Hay en esto la reiterada adjudicación de sentimientos “inaceptables de odio y resentimiento”. Mas allá del sufrimiento por las veredas y los adoquines en los medios de comunicación, ese odio es presentado como una especie de defecto de carácter que hasta merecería ser psicoanalizado. Bien sabemos que si algo nos aporta el psicoanálisis es que la verdad vincular frente a nuestros ojos y nuestros corazones es una donde rabia e indignación es el registro afectivo que corresponde a lo vivido por nuestros compatriotas del sur ¿Qué otros sentimientos que la rabia y la tristeza corresponderían a la crueldad cotidiana que enfrentan ellos y la mayoría de los peruanos? Los manifestantes tienen que venir a Lima para reivindicar su legítimo derecho a cambiar un sistema que los excluye. Mientras las necesidades y derechos más básicos les son negados. Frente a esto, los grupos de poder han preferido la distorsión burda que sólo hace más evidente la verdad de su abuso. Tenemos la judicialización y prisión preventiva de 30 meses de mujeres con cuentas de 2,000 soles presentadas como financistas de “posibles atentados”. Mientras, obscenamente, un grupo empresarial entrega 200,000 mil soles a la policía, al mismo tiempo que su vocero declara en los medios que los manifestantes muertos “bien muertos están”. Tenemos todos, desde nuestras esquinas, un reto enorme de buscar los hilos que nos conduzcan a retejer el tejido roto de nuestros vínculos hacia un lugar más justo y vivible.

Liliana Blaustein

Fue directora académica de la Escuela de psicoterapia clínica y aplicada (EPCA); directora clínica del Centro de desarrollo y asesoría psicosocial (CEDAPP); directora (I) del Beth Israel edical Center Substance Abuse Program (Cumberland) NY y psicoterapeuta en el Columbia-Presbyterian Medical Center, NY. Presidenta del Instituto Inter-Cambio.