Artículo: Un pingüino se tambalea

Un pingüino se tambalea

Por Liliana Blaustein (Directora ejecutiva Inter-Cambio)

Hace 3 semanas, en medio del impacto de una de las peores catástrofes ecológicas en nuestras costas, apareció la imagen de un pingüino, aún vivo, tambaleándose bajo el peso del petróleo. Salió del mar, buscando desesperadamente ayuda de la misma especie que lo había expuesto a ese veneno oscuro que cubría su cuerpo, amenazando su vida.

Es una imagen que evoca la cruel paradoja de cómo los niños o las personas adultas maltratadas, desde la percepción real o perturbada de una inevitable dependencia, muchas veces buscan consuelo en su maltratador. Esta dolorosa metáfora de un ser vivo tambaleándose al límite de sus fuerzas es también una poderosa metáfora de la experiencia emocional de ser ciudadanos del Perú en estos tiempos.

En nuestro país, nos encontramos inmersos en un conjunto de eventos en donde la mentira aparece confundida con la verdad, lo malo con lo bueno, lo cruel con lo valiente y lo profundamente absurdo con lo heroico. Esa confusión corresponde a los aspectos violentos e insoportables de nuestra vida colectiva a los que les da expresión. “A río revuelto, ganancia…”.

Paradójicamente, los pescadores reales están enfrentando un daño mayor a sus vidas, y las de sus familias y vecinos, frente a la negligencia criminal de la empresa Repsol y la muy intencional debilidad de las instituciones encargadas de defender sus derechos. Los otros “pescadores”, miembros de nuestra clase política y empresarial, despliegan frente a nuestros ojos imágenes que nos van intoxicando en la espesura de su corrupción y confusión sobre lo que es cierto.

 

Nos tambaleamos cuando desfilan frente a nuestros ojos un conjunto de hechos en donde son presentados con la pompa del poder otorgado acciones que sólo nos pueden dañar. Se nos presenta todo lo injusto, todo lo abusivo y todo lo incorrecto como un “nuevo logro”.  En el poder ejecutivo se desploman dos gabinetes que incluyen corruptos y maltratadores junto a profesionales comprometidos y probos. Un presidente escogido como representante del “cambio a favor del pueblo” aparece abrazando al presidente más corrupto, ecocida y fascista de Latinoamérica. En el Congreso se derogan leyes a favor de la educación y la equidad de género, se blindan corruptos y más maltratadores de mujeres, se debilitan leyes e impiden acuerdos a favor de la crítica protección del medio ambiente. Estos hechos despliegan ante nuestros ojos la evidencia de todos los descarados “conflictos de interés” (es decir, nuestras vidas sujetas al histórico privilegio de intereses minoritarios privados a costa del bien común; mientras nos convencen que es “por nuestro propio bien”).

 

En medio de la violencia de estas escenas, aparecen otras tragicómicas: la representante del poder legislativo sale a anunciar que el Congreso (de donde han salido los peores ministros) está dispuesto a entregar “hasta la vida…” para impedir que el comunismo arrase con la democracia representada por ese mismo congreso. Una exministra reclama indignada y cómodamente desde el suelo, ante una prensa que la “entrevista” así, mientras todos confirman que es ella la que escogió esa ubicación. Finalmente, llega al país un testigo clave en el avanzado juicio por “lavado de activos” de una excandidata quien, al día siguiente, es entrevistada para instruirnos sobre cómo se debería defender la democracia a través de la vacancia del candidato que la venció en las urnas. En fin, ¡es abrumador!

Nos evoca la cita de Orwell: “el Partido te dijo que rechaces la evidencia de tus ojos y tus oídos…” (Orwell, 1949). Sin embargo, no hay Partido organizando este caos. Solo el estallido de múltiples intereses minoritarios corruptos compitiendo por imponernos su “verdad”. Es decir, mientras la mayoría de los peruanos nos tambaleamos entre la indignación, la desesperanza y lo insostenible de estos eventos, el negro petróleo venenoso de las mentiras, aparece en su peor forma: la confusión. El psicoanálisis entiende la ambigüedad que genera la confusión como la imposibilidad de distinguir lo mortífero de lo amoroso. Frente a una realidad insoportable, en lo confuso prevalece la destrucción. En lo individual y grupal la ambigüedad propicia los aspectos más perturbados. Un pingüino se tambalea y con él nosotros.

Pero el maltrato que vivimos no es inevitable. Es también parte de lo humano la existencia de otras manos que se agrupan y se solidarizan, van a su ayuda y limpian el veneno con cuidado y con amor. Aparecen las cadenas de ollas populares que llevan alimentos a los pescadores y sus familias. Colectivos se manifiestan a favor de la educación y en contra de la violencia de género y la corrupción. Todo ello ocurre más allá del espejismo que nos convence de que estamos solos, que los corruptos pueden más. Sin embargo, nos tenemos. Existe un conjunto de colectivos que luchan por lo justo y lo verdadero a favor de la vida. Nos queda abrir los ojos y los oídos y seguir la música que nos muestra el camino hacia nuestras verdaderas fuerzas si nos unimos.

Es indispensable salvar lo vivo, salvarnos. Eso, en el Perú y en el mundo, requiere de la suma de fuerzas que nos permitan trascender el aislamiento en el que nos arrinconan la violencia y la mentira que esconden el abuso de poder.  Es posible articular todos los sueños y los derechos que nos unen. La construcción de una sociedad más sana solo es posible si se abre paso la verdad y los distintos colectivos nos encontramos para proponer una más justa distribución del poder, de los recursos, de los derechos y del bienestar. Es posible soñar con un mundo donde los pingüinos vivan libres y protegidos, y nosotros también.